El nervio vago es un nervio del cuerpo que regula el ritmo cardíaco, la digestión, la respiración, la respuesta al dolor, el sistema inmune y el estado de ánimo (a través de la serotonina que se genera en el intestino). Un nervio que conecta el cerebro con casi todos los órganos vitales y que, cuando no funciona bien, genera síntomas tan diversos que nadie los relaciona entre sí.
Es el nervio más largo del cuerpo humano. Nace en el tronco encefálico, desciende por el cuello inervando laringe, faringe… atraviesa el tórax y va hacia el corazón, los pulmones y el esófago, llega hasta el abdomen atravesando el diafragma para acceder al estómago, hígado, páncreas, bazo e intestino delgado y grueso. Su función principal es activar el sistema nervioso parasimpático: ese estado de calma, digestión y reparación que el cuerpo necesita para recuperarse.
En los artículos anteriores de esta serie hemos hablado de cómo el estrés crónico se instala físicamente en el cuerpo y de la triada des estrés: cervical, mandíbula y cefalea. El nervio vago es el hilo que conecta ambos artículos y en Clínica Anua queremos dedicarle el espacio que merece.

Qué hace el nervio vago y su importancia para Clínica Anua
El nervio vago es el principal componente del sistema nervioso parasimpático. Su trabajo es llevar al cuerpo al estado opuesto al de alerta: bajar la frecuencia cardíaca, activar la digestión, regular la respiración, reducir la inflamación, el estrés y la ansiedad, regular el sistema inmune y facilitar la reparación tisular. Es decir, todas aquellas funciones autónomas de reparación y cuidado.
Pero hay algo que sorprende a muchos pacientes cuando se lo explico: el 80% de las fibras del nervio vago son sensitivas, es decir, llevan información desde los órganos hacia el cerebro, no al revés. El nervio vago escucha constantemente lo que ocurre en el corazón, los pulmones y el intestino y transmite esa información al sistema nervioso central para que regule la respuesta.
Esto significa que el estado de los órganos internos influye directamente en cómo el cerebro percibe el dolor, el estrés y las emociones. Y al revés: un sistema nervioso en modo alerta crónico altera el funcionamiento de todos esos órganos.
El indicador más fiable del estado del nervio vago es la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC), que mide las diferencias de tiempo entre latido y latido.
- VFC alta indica buen tono vagal: el sistema nervioso es flexible, puede pasar del modo alerta al modo descanso con facilidad.
- VFC baja indica lo contrario: el sistema nervioso está rígido, atascado en un estado de activación que no sabe apagar.
Causas de la disfunción del nervio vago: qué lo bloquea y qué lo perpetúa
El nervio vago no se «lesiona» de forma aguda como un tendón, se bloquea gradualmente por acumulación. Estas son las causas más frecuentes que veo en consulta:
1. Tensiones mecánicas en su recorrido
El nervio vago pasa entre estructuras que, cuando están bajo tensión, pueden comprimirlo o restringir su deslizamiento.
– En la base del cráneo: a su salida por el agujero rasgado posterior, entre el occipital y el temporal
– En el cuello: entre los músculos escalenos y esternocleidomastoideo, junto a la arteria carótida
– En el tórax: en su relación con el diafragma y el pericardio
– En el abdomen: en el plexo celíaco y sus conexiones con el estómago e intestino
Cuando hay restricciones en alguna de estas zonas (por tensión muscular crónica, por bloqueos articulares o por adherencias de cirugías pasadas) el nervio pierde su libre movilidad y su función se ve afectada.
2. Estrés crónico y sobreactivación simpática
Como hemos visto en el primer artículo de esta serie, el estrés crónico mantiene el sistema nervioso simpático en modo alerta de forma permanente. Y el simpático y el parasimpático funcionan como una balanza: cuando uno sube, el otro baja.
Un cuerpo bajo estrés crónico es un cuerpo con tono vagal bajo. Y un tono vagal bajo perpetúa el dolor, la inflamación, la mala digestión y la fatiga aunque la situación de estrés externo haya mejorado.
3. Disfunción diafragmática
El nervio vago atraviesa el diafragma a través del hiato esofágico. Cuando el diafragma está bloqueado, algo muy frecuente en personas con estrés crónico, reflujo o respiración superficial; ese bloqueo afecta directamente al paso del nervio vago y a su capacidad de inervar el estómago e intestino de forma óptima.
4. Inflamación crónica de bajo grado
La inflamación sistémica reduce el tono vagal y a su vez, un tono vagal bajo reduce la capacidad del cuerpo de controlar la inflamación porque el nervio vago tiene un potente efecto antiinflamatorio: cuando se activa, inhibe la producción de citoquinas proinflamatorias por parte del sistema inmune.
Es otro círculo que se perpetúa a sí mismo.
5. Antecedentes de traumatismos o cirugías en cuello, tórax o abdomen
Cicatrices quirúrgicas, adherencias post-infecciosas, traumatismos cervicales … Cualquier evento que haya alterado la mecánica de los tejidos por los que pasa el nervio vago puede afectar a su función de forma silenciosa durante años.
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Síntomas de disfunción del nervio vago: señales que el cuerpo da y que nadie relaciona
La disfunción del nervio vago no tiene un síntoma único. Tiene un patrón el cual, visto en su conjunto, es muy reconocible.
Síntomas digestivos
– Digestión lenta o pesada sin causa aparente
– Hinchazón y gases frecuentes
– Tránsito irregular: estreñimiento, diarrea o alternancia de ambos
– Náuseas o sensación de estómago tenso sin relación directa con la comida
– Reflujo que no responde del todo a los tratamientos habituales
Síntomas cardiovasculares y respiratorios
– Palpitaciones o frecuencia cardíaca irregular
– Sensación de opresión torácica sin causa cardíaca
– Respiración superficial o dificultad para respirar hondo
– Mareos o sensación de inestabilidad
Síntomas musculoesqueléticos y de dolor
– Dolor crónico que no responde bien al tratamiento local
– Sensibilización central: el cuerpo duele con estímulos que antes no lo generaban
– Tensión cervical alta persistente, especialmente en la región suboccipital
– Dificultad para tragar o sensación de nudo en la garganta
Síntomas sistémicos
– Fatiga que no mejora con el descanso
– Sueño superficial o no reparador
– Ansiedad o sensación de estar siempre en alerta sin razón aparente
– Niebla mental: dificultad de concentración o sensación de cabeza espesa
– Recuperación lenta tras el ejercicio o el esfuerzo
Cómo trabajamos el Nervio Vago en Clínica Anua en Chamartín
El trabajo sobre el nervio vago no es una técnica aislada. Es una mirada que impregna toda la valoración y el tratamiento porque el nervio vago está en relación con casi todo lo que tratamos.
1. Osteopatía craneal y cervicales: liberar el inicio del recorrido
La descompresión del agujero rasgado posterior, por donde emerge el nervio vago del cráneo, es una de las técnicas más efectivas para mejorar su función. A través del trabajo suave sobre el occipital, el temporal, el atlas y el axis, liberamos las restricciones que comprometen la salida del nervio y mejoramos el tono vagal de forma directa y medible.
El trabajo sobre la columna cervical alta mejora además la variabilidad de la frecuencia cardíaca, según estudios osteopáticos que han medido este parámetro antes y después del tratamiento.
2. Trabajo sobre el diafragma y las fascias torácicas
Liberar el diafragma es liberar el nervio vago en uno de los puntos de mayor restricción potencial. Cuando el diafragma recupera su recorrido completo, la respiración se hace más profunda, el tránsito vagal mejora y el sistema nervioso parasimpático empieza a tener más espacio para activarse.
El trabajo sobre el pericardio y las fascias del mediastino completa la liberación del recorrido torácico del nervio.
3. Osteopatía visceral: trabajar el universo del abdomen
El 80% de las fibras vagales son sensitivas y suben desde las vísceras hacia el cerebro. Mejorar la movilidad del estómago, el intestino y el hígado mejora la calidad de la información que el nervio vago envía al sistema nervioso central y con ello, su capacidad de regular la respuesta inflamatoria, el dolor y el estado de ánimo.
4. RPG y respiración diafragmática: entrenar el tono vagal
La respiración lenta y diafragmática es uno de los mecanismos más potentes y documentados para activar el nervio vago de forma voluntaria. En las sesiones de RPG, la respiración consciente y prolongada mantenida durante el trabajo activo, despierta el parasimpático de forma directa y el paciente aprende a usar ese recurso más allá de la consulta.
5. Fisiogenómica: cambiar el terreno inflamatorio
Como hemos visto, la inflamación de bajo grado reduce el tono vagal. Identificar y modificar los factores alimentarios y de hábitos que mantienen ese estado inflamatorio activo es parte indispensable del tratamiento. No para que el nervio vago funcione mejor en consulta sino para que funcione mejor todo el día.
En conclusión, el nervio vago no es una moda. Es anatomía y fisiología que llevamos décadas trabajando
Cuando un paciente llega con un cuadro que no encaja del todo (dolor que no cede, digestión que no funciona, fatiga que no mejora, ansiedad que no tiene explicación clara), la primera pregunta que me hago es: ¿cómo está el sistema nervioso autónomo? ¿Está este cuerpo pudiendo descansar de verdad?
Muchas veces la respuesta es no. Y muchas veces detrás de ese no está un nervio vago que lleva tiempo bloqueado, comprimido o simplemente sin el espacio para hacer su trabajo.
No hace falta tener todos los síntomas, basta con que el cuerpo lleve tiempo sin poder recuperarse del todo: después del ejercicio, después de un episodio de estrés, después de cada semana… Eso es una señal que merece ser escuchada.
Si te reconoces en ese patrón, cuéntamelo en la primera sesión. A veces lo que falta no es más tratamiento sino encontrar el origen real de por qué el cuerpo no termina de encontrar su equilibrio.
En Clínica Anua la valoración es completa desde el primer momento. Exploramos, escuchamos y tratamos en la misma sesión.
El cuerpo sabe cómo recuperarse. A veces solo necesita que le demos recursos para encontrar su equilibrio.




