Hay una palabra que aparece cada vez más en las consultas de fisioterapia y osteopatía y que sin embargo, sigue siendo una gran desconocida para la mayoría de los pacientes.

La inflamación de bajo grado.

No la inflamación que se ve, no la que duele con claridad, enrojece la piel o hincha una articulación de forma evidente. Hablamos de otra cosa: una inflamación silenciosa, crónica y sistémica que puede llevar años instalada en el cuerpo sin dar la cara de forma directa pero que lo cambia todo por dentro.

En los artículos anteriores de esta serie hemos hablado de qué es la Fisiogenómica, de la conexión entre el dolor de espalda y la digestión, de cómo funciona la osteopatía visceral y de por qué la hinchazón y los gases crónicos merecen una mirada más amplia. En todos ellos ha aparecido, una y otra vez, el mismo concepto: la inflamación de bajo grado.

Hoy le dedicamos el espacio que merece.

Inflamación abdominal

Inflamación de bajo grado: qué es y por qué no aparece en tus analíticas

La inflamación es en origen, una respuesta de defensa del cuerpo. Cuando hay una lesión, una infección o una amenaza, el sistema inmune se activa, manda recursos a la zona afectada y genera ese proceso inflamatorio que bien resuelto, termina en reparación y recuperación.

El problema no es la inflamación aguda. Es cuando ese proceso no se apaga del todo.

La  inflamación de bajo grado también llamada inflamación crónica sistémica o low-grade inflamation en la literatura científica, es un estado en el que el sistema inmune permanece activado de forma leve pero constante, sin que haya una amenaza real que lo justifique. No es suficientemente intensa para dar síntomas claros y localizados. Pero es suficientemente persistente para alterar el funcionamiento de los tejidos, el sistema nervioso, el metabolismo y la percepción del dolor.

Por qué las analíticas convencionales no la detectan

Los marcadores que se miden habitualmente en una analítica estándar son:

  • Proteína C reactiva clásica
  • Leucocitos
  • VSG

Estos están diseñados para detectar inflamación aguda significativa. La inflamación de bajo grado genera elevaciones tan sutiles en estos parámetros que quedan dentro del rango «normal».

Existen marcadores más sensibles como:

  • La proteína C reactiva ultrasensible (PCR-us)
  • La homocisteína
  • La interleucina-6
  • El TNF-alfa

Estos sí que pueden orientar el diagnóstico. Pero no se solicitan de forma rutinaria. Y su ausencia en una analítica estándar no significa que no haya inflamación. Significa que no se ha buscado con las herramientas adecuadas.

Por eso es tan frecuente ese patrón que vemos en consulta: analíticas normales, pruebas sin hallazgos y un cuerpo que no deja de enviar señales.

Síntomas de inflamación crónica: las señales que el cuerpo lleva tiempo dando

La inflamación de bajo grado no tiene un síntoma propio y definitorio.

Se manifiesta a través de un conjunto de señales que vistas por separado, parecen no tener relación. Vistas juntas, cuentan una historia clara.

Señales musculoesqueléticas de inflamación sistémica:

1. Dolor crónico que no se resuelve con tratamiento local

Lumbalgias, cervicalgias, tendinopatías, dolores miofasciales difusos que mejoran pero siempre vuelven. El tratamiento manual actúa pero el terreno inflamatorio lo devuelve al punto de partida.

2. Rigidez matutina generalizada

Esa sensación de que el cuerpo necesita un buen rato para arrancar por las mañanas. Las articulaciones están rígidas, los músculos lentos…

En la inflamación de bajo grado el tejido conectivo pierde hidratación y elasticidad durante el reposo nocturno y le cuesta más recuperarla.

3. Recuperación lenta tras el esfuerzo o las sesiones de tratamiento

El tejido inflamado repara peor y más despacio. Lo que en un contexto sano tardaría dos días en resolverse, en un terreno inflamatorio puede tardar una semana o no resolverse del todo.

4. Sensibilidad aumentada al dolor

Un sistema nervioso bajo inflamación crónica reduce su umbral de activación: estímulos que en otro contexto serían neutros o leves se perciben como dolorosos.

Esto explica por qué hay pacientes que sienten que su cuerpo duele en todas partes y con poco estímulo.

Señales sistémicas: más allá del aparato locomotor desde la visión de Clínica Anua en Chamartín

1.Fatiga que no mejora con el descanso

No es cansancio por falta de sueño… Es una fatiga de fondo, persistente, que no responde bien al reposo y que muchas veces se agrava con el estrés.

2. Digestión alterada de forma crónica

Hinchazón, gases, tránsito irregular, pesadez después de comer. Como explicamos en el artículo anterior el intestino es uno de los principales generadores, y víctimas, del estado inflamatorio sistémico.

3. Cambios en la piel, el cabello o las uñas

Son señales de que la síntesis de tejido conectivo no está funcionando bien  y ese mismo déficit afecta a tendones, fascias, ligamentos y discos intervertebrales.

4. Alteraciones del estado de ánimo y del sueño

La inflamación sistémica afecta al sistema nervioso central.

Hay una relación bien documentada entre la inflamación de bajo grado y los estados de ansiedad, irritabilidad, dificultad de concentración y alteraciones del sueño.

5. Ciclo menstrual más doloroso, irregular o anárquico

Las prostaglandinas (moléculas proinflamatorias) son las principales responsables del dolor menstrual.

En un terreno con inflamación de bajo grado su producción se dispara y la dismenorrea se intensifica.

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Causas de la inflamación crónica de bajo grado: qué la genera y qué la mantiene

Aquí es donde la Fisiogenómica aporta una mirada fundamental.

Porque la inflamación de bajo grado no aparece de la nada: hay condiciones que la generan y, sobre todo, condiciones que la mantienen activa.

Alimentación proinflamatoria mantenida

El patrón alimentario occidental rico en ultraprocesados, azúcares refinados, harinas blancas, grasas trans y pobre en fibra, antioxidantes y ácidos grasos omega-3; es uno de los principales inductores de inflamación sistémica. No de forma aguda ni dramática sino de forma silenciosa y acumulativa.

La microbiota intestinal (comunidad de microorganismos que habita el intestino) es especialmente sensible a este patrón. Cuando se desequilibra, la permeabilidad de la mucosa intestinal aumenta, permitiendo que sustancias que no deberían cruzar esa barrera lo hagan, activando de forma crónica el sistema inmune. Es lo que se conoce como intestino permeable y es uno de los mecanismos más estudiados detrás de la inflamación sistémica de bajo grado.

Estrés crónico y sobreactivación del eje HPA

El estrés sostenido activa de forma permanente el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA) generando una liberación crónica de cortisol. A corto plazo, el cortisol es antiinflamatorio. Pero cuando se mantiene elevado durante meses o años, los tejidos desarrollan resistencia a su acción y la inflamación que debería frenar se descontrola.

El estrés también altera la microbiota, deteriora la calidad del sueño, aumenta la tensión muscular basal y reduce la capacidad de reparación tisular. Todo ello en conjunto crea un terreno inflamatorio que se retroalimenta.

Sedentarismo y movimiento insuficiente

El movimiento tiene un efecto antiinflamatorio directo y bien documentado. El músculo en actividad libera mioquinas (moléculas con acción antiinflamatoria sistémica). Cuando el cuerpo no se mueve con suficiente frecuencia e intensidad pierde ese mecanismo de regulación natural.

Déficits nutricionales específicos

Vitamina D, magnesio, omega-3, vitamina C y zinc son nutrientes con papel directo en la regulación de la respuesta inflamatoria y en la síntesis de tejido conectivo. Sus déficits, frecuentes en la alimentación actual, contribuyen a mantener el estado inflamatorio activo y a deteriorar la calidad del tejido musculoesquelético.

Estrés crónico con repercusión física

El estrés se acumula en el cuerpo  y una de las zonas donde más lo hace es el abdomen. El diafragma se tensa, el intestino se contrae, el psoas se carga… La osteopatía visceral trabaja directamente sobre esas estructuras.

Digestiones que han empeorado sin causa aparente

A veces el intestino cambia su comportamiento después de un episodio de estrés intenso, una infección digestiva, un cambio de alimentación o un período emocionalmente difícil y ahí la osteopatía visceral puede ayudar a restablecer el ritmo.

Tratamiento de la inflamación de bajo grado: el enfoque Osteopático y Fisiogenómico en Clínica Anua en Chamartín

El tratamiento de la inflamación de bajo grado no es un protocolo. Es un cambio de mirada sobre el paciente  y eso es exactamente lo que define el enfoque de Clínica Anua.

Osteopatía: recuperar la movilidad que la inflamación ha robado.

La inflamación crónica deteriora la calidad del tejido conectivo (fascias, ligamentos y cápsulas articulares) haciéndolo más rígido, menos elástico y más susceptible a la sobrecarga.

El trabajo osteopático actúa directamente sobre ese tejido: recupera su movilidad, mejora su hidratación mecánica, libera las restricciones que se han instalado y facilita que el sistema nervioso salga del estado de alerta crónica.

La Osteopatía Visceral trabaja además sobre el intestino y sus fascias, una de las principales fuentes de inflamación sistémica cuando hay disfunción visceral. Liberar la tensión visceral reduce la carga inflamatoria que el sistema inmune intestinal mantiene activa.

La Inducción miofascial completa el trabajo liberando las cadenas de tensión que la inflamación ha cronificado en la musculatura y el tejido conectivo profundo.

Fisiogenómica: cambiar el terreno desde dentro

El trabajo manual puede liberar restricciones, recuperar movilidad y reducir el dolor. Pero si el terreno inflamatorio no cambia, el cuerpo tenderá a volver al mismo punto.

Desde la Fisiogenómica identificamos qué está generando y manteniendo la inflamación en ese paciente concreto y proponemos ajustes en la alimentación, los hábitos y el manejo del estrés que modifiquen las condiciones internas en las que el tratamiento se aplica.

No hablamos de dietas estrictas ni de cambios radicales de vida, hablamos de ajustes específicos con sentido clínico que el paciente puede integrar de forma real y sostenida:

  • Reducir el consumo de alimentos con alta carga inflamatoria: ultraprocesados, azúcares refinados, aceites vegetales refinados, no como prohibición sino como comprensión de lo que está generando ese estado interno.
  • Incorporar alimentos con acción antiinflamatoria contrastada: pescado azul rico en omega-3, cúrcuma, jengibre, aceite de oliva virgen extra, frutos rojos, verduras crucíferas.
  • Revisar posibles déficits de vitamina D y magnesio dos de los más frecuentes y de mayor impacto sobre la inflamación y el tejido conectivo.
  • Trabajar el ritmo circadiano: el sueño reparador es uno de los antiinflamatorios más potentes que existen y uno de los más ignorados.
  • Proponer movimiento adaptado: no cualquier ejercicio, sino el que en cada caso activa las mioquinas antiinflamatorias sin sobrecargar un sistema que ya está bajo presión.

Cuando el terreno cambia el tratamiento manual tiene un impacto diferente: más profundo, más duradero y donde el paciente no solo mejora sino que se mantiene mejor.

En conclusión, el dolor que no tiene explicación casi siempre tiene un terreno

No hace falta tener todos los síntomas, basta con reconocer un patrón:

– Dolor crónico que mejora pero siempre vuelve sin una causa estructural clara que lo explique del todo.
– Rigidez matutina generalizada que tarda en ceder.
– Fatiga persistente que no mejora con el descanso.
– Digestión alterada de forma habitual: hinchazón, gases, pesadez, tránsito irregular.
– Recuperación lenta tras el ejercicio o el esfuerzo.
– Analíticas normales con un cuerpo que no termina de funcionar bien.
– Dolor menstrual intenso o síntomas premenstruales importantes.
– Sensación de que el cuerpo está siempre «en tensión», aunque no haya hecho nada que lo justifique.

Si te reconoces en varios de estos puntos, la inflamación de bajo grado puede ser parte de lo que está ocurriendo. Y eso tiene solución: no con una pastilla sino con una mirada diferente sobre el conjunto.

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Si llevas tiempo dando vueltas al mismo dolor sin encontrar una respuesta que de verdad cambie las cosas, quizá lo que falta no es otro tratamiento puntual sino entender el terreno desde el que parte todo.

En Clínica Anua en Chamartín la primera sesión es una valoración completaacompañada de tratamiento manual. Escuchamos, exploramos y buscamos el patrón global antes de poner las manos encima.

Porque tratar sin entender es solo aplazar, el cuerpo tiene sus propias herramientas para sanar. Mi trabajo es ayudarle a recordar cómo usarlas.

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